Textos, escritos y comentarios

Tetxos, escritos y comentarios pretende poner a disposición del público, una serie de artículos de psicoanálisis, pequeños escritos, comentarios políticos. Algunos ya han sido previamente publicados (en ese caso el artículo en cuestión tendrá un formato ad hoc), otros no encontraron su pasaje al público, y otros fueron divulgados entre algunos lectores y amigos. Aliento a que si alguno de los textos encuentra un lector interesado en dialogar con él ,lo haga sin reservas.

sábado, octubre 21, 2006

ARGUMENTO DEL SEMINARIO: LA DISCIPLINA DEL NOMBRE



Seminario de la école lacanienne de psychanalyse

la disciplina del nombre


En aquellos tiempos en los cuales Freud sostenía una intensa correspondencia con Jung, el primero y a propósito de cierto comentario del segundo, coincidió en afirmar que la transfe­ren­cia era el pivote de todo el análisis. >CITA< Consi­derando que esa apreciación tan con­clusiva conserva hoy su total vi­gencia, fue en la lectura que Lacan hiciera de Freud que se des­prendió otro térmi­no, el cual fue situado en un punto de inci­dencia fundamen­tal; aquel de la nominación. Hay toda una inves­tigación lleva­da ade­lante por él, acerca de la peculiari­dad de la operación que con el nombre de nomina­ción se des­pliega enteramente en el campo fre­udiano. O sea, que no hay manera de considerar el acto analíti­co si no tenemos en cuenta esos dos términos; el de transfe­rencia y el de nomina­ción.

Ahora bien, ¿de qué manera estarán posicionados estos dos términos? ¿Que formulación sería la correcta cuando son puestos uno al lado del otro? Convengamos que entre transferencia y nominación no hay una relación de complementariedad ni de adi­ción sino más bien una simple heterogeneidad. Lacan dio otra manera de contar y tra­tar a la transferencia en la medida que incluyó a través de su seminario "La transferencia en su disparidad subjetiva, su pretendida situación, sus excursiones técnicas” la particularidad de un objeto, el cual extraído del Banquete platónico, marcaba la disparidad sub­jetiva que se planteaba entre el erastés y el eromenós, el amante y el amado: el agalmata. El llamado objeto a. Con esto, queremos dar a entender que Lacan se incluyó en una serie que comienza con Freud, pero de una manera tal, que éste no se habría sumado a Freud. Ya que si reconociéramos una suma de transferencia y nominación, estaríamos di­ciendo algo que se podría traducir de esta manera: hay freudolacanismo.

Desde otro ángulo, la cuestión se plantea de esta manera. Es un hecho que en Freud encontramos explícitamente una teoría de la transferencia, al mismo tiempo que no hay un desarrollo de algo que se podría considerar una "teoría de la nomina­ción". Esto no quiere decir que no se lea, en Freud, un cierto tratamiento de la cuestión del nombre, y sobre todo con relación al nombre propio. En Lacan, por otro lado, habría explícitamente una doctrina de la transfe­rencia, la cual no es homogénea a la de Freud, y no por ello deja de ser freudia­na. Lo particular de esto sería que en Lacan sí podemos leer en toda su extensión, la insistencia por tratar la cuestión del nombre. Entre una teo­ría del aparato psíquico (Freud) y una disciplina del nombre (Lacan) descubriremos allí un verdadero hiato.


Es de una disciplina del nombre sobre lo cual Lacan se ocupó duran­te treinta años, aproximando la interrogante que coman­da este estudio: ¿cómo establecer una posición frente al hecho del nombre, el nombre propio en el curso de un análisis? La fórmu­la canónica de "el inconsciente está estructurado como un len­guaje", ¿no requiere un tratamiento delicado de la proposi­ción lacaniana del estatuto del nombre? ¿De qué manera poder decir algo respecto de cuestiones tan cruciales como aquellas del fin del análisis y del destino del nombre de analista que ahí habría habido, si no se pasa por la exhaustiva investigación del estatuto del nombre para Lacan?

Elegir la palabra "disciplina" para ordenar esta investi­gación requiere ser explicitada. El término de disciplina se abre a varios sentidos: por un lado en tanto orden, es el conjunto de obligaciones que regulan la vida de ciertos cuerpos. Asimismo, apela a la sumi­sión a una regla, en tanto aceptación de ciertas constriccio­nes­. Del latín disciplina tomó todo su vuelo cuando se extendió en la órbita militar. Asimismo aparece como doctrina de una persona y especialmente en lo relativo a la moral. Dentro del lenguaje eclesiástico, sería el conjunto de leyes y pre­ceptos para regular la vida pública y privada, alrededor de los mandamientos o la disciplina dogmática de la Iglesia. Asi­mismo, según San Ignacio, sería un instrumento de penitencia corporales el sentido de fustigar la piel para debilitar las pasiones y confor­marse con un Jesucristo doloroso, mas no enfermo; es sobre la carne que se aplica la penitencia mas no sobre los huesos.

Desde otro sesgo, la discipli­na viene a ser casi un sinónimo (li­gh­t) de la palabra materia, la cual es objeto de estu­dio, y cuyo equivalente sería el de ciencia. Disciplina, está muy cerca de discí­pulo, ya que éste sería aquella persona que si­gue la doc­trina de un maestro o se coloca bajo el patronazgo de al­guien.

Toda discusión acerca de la nominación se realizó y no puede no realizarse si no se "tropiece" con la función del nombre propio. Hacer hincapié en este tipo de nombre, es alcanzar de lleno el esta­tuto que para el psicoanálisis como para el psicoanalista éste tiene. Desde Descartes en adelante el nombre propio ha quedado consagrado como un depósito de saberes. Un apellido consiste en parte por con­sagrarse a funcionar como bolsa de saberes, y cuyo efe­cto casi radiactivo sería el de continuar emitiendo silencio­samente dichos saberes. Pero no todo se desenvuelve tan calla­damente. ¿Que se querrá decir cuando se cita a Freud, a La­can? ¿De que manera estos nombres siguen hablando y aún mas, se les adjudi­ca un cúmulo de saberes que quedan mudamente co­bijados por la suposición que acompaña en muchos casos, dicho nombre? ¿De qué manera plantear las diferencias entre el nom­bre en tanto geográfico, científico, o del padre, del analis­ta, y otras posibles adjudicaciones?


Hacer un tratamiento del nombre de Lacan equivale a si­tuar, localizar y considerar al Real, Simbólico e Imaginario, -tres nombres que le dan su peso al campo-, como un tra­umatismo sin anterioridad que operó en el psicoanálisis, a partir de la conferencia que con ese nombre dictó Lacan el 8 de julio de 1953.O sea, y dicho de otro modo, un intento de forzar al psicoa­nálisis cuando éste se deslizaría "irremediablemente" a ser un au­tis­mo a dos con Freud... y con Lacan.


Entonces ¿qué quiere de­cir cuando hablamos de una disciplina del nombre? Por lo pronto, y sin ade­lantar demasiado al lector acerca del desarrollo que se propone, la disci­plina del nombre vendría a ser una forma de llamar al psi­coaná­lisis; en cuanto disciplina y en tanto la nomi­nación crea discipli­na... o dicho de otro modo, en tanto no habría nom­bre en el lugar del Au­tre.